Desperté desnuda en un lugar ajeno. Sin muebles, con la peor cruda que existe que es la moral, junto a un desconocido a mi lado. Me ofrecía jugo de naranja y fresas cortadas mientras acariciaba mi espalda y le daba besos. No entendí porque ese hombre hermoso era tan amable conmigo. Ya me había acostumbrado a que me trataran como un objeto. Pero más que pensar en eso, me perturbaba el recuerdo de un condón ausente. Cómo preguntarle algo tan atrevido a una persona que no conozco? No puedo creer el gran descuido de mi parte. Fue mi culpa. Imagina, embarazarte de manera tan estúpida? Sólo pedía al universo que no fuera mi caso.
Me tomé todo el jugo de naranja, pensé que sería bueno para el dolor de cabeza. Y antes de comer las fresas tuve un intento fallido por vestirme. No encontraba mi ropa interior, ni mi vestido. Comencé a caminar por la habitación pensando en algo elocuente que decir, pero nada me venía a la mente. Cómo debía de actuar ante un extraño que a la vez ya conocía cada parte de mí? Él me miraba y examinaba mi cuerpo sentado en la cama. De pronto dejé de buscar la ropa y me di un segundo para contemplarlo. Tenía todos los elementos en su lugar y con las características más perfectas para hacer mis piernas temblar. Su cabello castaño largo, largo. Su sonrisa tan acogedora. Su cuerpo delgado y marcado. Sus ojos. Sus ojos tiernos y a la vez radiantes de pasión. La ternura que proyectan viene de la combinación entre los colores verde jade y ocre que conforman su iris y la pasión, del delineado perfecto de estos. Su barba pelirroja de candado que causaba un precioso efecto en mí cuando rozaba mi cuerpo, mi piel se erizaba agradecida. Acaso mi promiscuidad arruinó la posibilidad de una relación con este ser tan precioso?
La noche anterior me entregué a él sin pensarlo dos veces. Puedo culpar al alcohol que me hizo bajar la guardia, a la lluvia que nos atrapó en esa casa, al jacuzzi que nos incitó estar semi-desnudos. Pero la culpa fue nuestra. Él y yo hicimos un contrato en otra vida y así teníamos que reencontrarnos. Al besarlo lo comprendí todo. Sabía perfectamente sus puntos débiles y él sabía los míos. Hablar estaba de más. Sus manos en mi espalda y mi cuerpo arriba del suyo se sentía natural. Tal vez no recuerde mucho de esa noche, pero él y yo teníamos que ser y esa noche lo fuimos todo.
Por qué dejaste tu blog tan abandonado.. Amo como escribis, es tan inspirador. Saludos desde Guatemala :)
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